La huida del cangrejo

Primera novela de Angélica Morales. Antes ha habido libros, colecciones de relatos que la significan como una de las autoras “emergentes” en este difícil género. Muy de agradecer que antes de acudir a la complejidad estructural de la novela, Angélica Morales se haya batido y ganado experiencia (con mucho éxito por cierto), entre la primorosa minucia del relato, la exactitud y firmeza de la obra de aliento corto y poderoso. No se me malinterprete: no creo que el relato sea “la escuela” del novelista. Pero quien maneja con soltura y eficacia la técnica narrativa y la fluidez estilística del relato, tiene posibilidades (más que otros), de enfrentarse con solvencia a la tarea de la novela. Es el caso.

El trabajo de precisión, de auténtica relojería artesanal, se denota ante todo en la construcción de los personajes. La acción es rápida, directa, con frecuencia esquemática; a la autora le importan sobre todo las individualidades que pueblan su novela con una energía en verdad admirable. Uno está ya bastante saturado de encontrarse con novelas donde los personajes parecen recién caídos de un guindo, como si no supieran qué diablos hacen allí, perdidos entre las páginas de un libro, y las transitan deslavazados, sin tensión, como walking dead’s en la epifánica catástrofe (con perdón por lo repolludo de la expresión y el anglinazo mal escrito). En La huida del cangrejo, los personajes son firmes, están porque tienen un motivo, y la explicación de su causa existencial aparece rotunda. Acostumbrada al tratamiento de ese mapa milimetrado de la realidad que es el individuo/personaje (ella misma los ha encarnado muchas veces, en su faceta de actriz), Angélica Morales demuestra en esta ópera prima novelística algo que todos sabemos pero que muy pocos autores tienen en cuenta: el hallazgo fundamental de la novela como género moderno es el personaje; un buen argumento no salva a una novela del naufragio, y la pretensión, bastante ñoña, de que la novela es “el arte de contar historias”, no deja de ser eso precisamente: solemne cursilada para consumo de lectores encandilados por la emoción párvula (pueril) de los relatos infantiles. La novela es la arquitectura del personaje. Si no, ¿de qué El Quijote, o Lázaro de Tormes? Por poner dos ejemplos entre miles. De todos cuantos concurren en La huida del cangrejo, les hablo de Alejandra, una joven atrapada por condicionantes externos e internos (la familia, sus relaciones sentimentales, la enfermedad), que la hacen sentir como un cangrejo en una de esas horrendas peceras de los restaurantes o las tiendas de comestibles, intentando huir desesperadamente… ¿hacia dónde? Esa sensación de “no hay salida” presta su dosis de tensión, casi claustrofóbica, a la novela, significando su pulso turbador, en determinaos tramos desasosegante.

Alejandra es una mujer que piensa, siente, reflexiona, analiza e incluso intenta aprender algo de la vida. O sea, que en apariencia es alguien normal. Pero enfrentada a las personalidades de su madre y su hermana, ya no resulta tan “normal”. Ella tiene vida interior mientras que sus antagonistas viven en una burbuja de simpleza, naderías y ambiciones groseras, muy al compás de los tiempos que corren. La enfermedad de Alejandra representa una sutil (un poco cruel) metáfora sobre la condición de una persona que renuncia al aspecto apetitivo de la existencia para refugiarse en la serenidad (acaso posible) del conocimiento. Por motivos argumentales que no sería propio desvelar, padece la terrible desgracia de no poder cumplir el sueño de toda mujer entregada al estilo de vida contemporáneo: operarse el pecho y subir a la talla cien. Así de rotunda es la autora en su diagnóstico de lo real que nos desborda. El cangrejo no puede huir, cierto; y además, lo más desesperante: no hay adónde huir. El único sentido de la necesaria retirada: hacia uno mismo.

Magnífica novela de Angélica Morales, por sí misma y porque, perdida la condición o categoría de “primera novela” (eso fastidia mucho, como todos el mundo sabe), augura nuevas entregas que nutran con el reconocimiento que merece a esta autora aragonesa, quien ya pide paso y puerta para estar donde debe: en la literatura española contemporánea.

2 comentarios hacia “La huida del cangrejo”

  1. Carolina Molina 17 diciembre, 2010 a 19:42 #

    Angélica es una magnífica escritora y su novela la estoy disfrutando lentamente, como se bebe un vino de hierbas amargas que te deja un regusto inquietante en la boca.

  2. Angeles 18 diciembre, 2010 a 13:10 #

    La novela es muy fluida, con bastante diálogo, y por ello se lee rauda, de un tirón. La heroína supera las dificultades con valor, manteniendo el tipo en todo momento y en el final, abierto y con seguras sorpresas, es muy posible que se cumplan sus sueños. En mi opinión, no es una historia de llantos y derrotas, sino de lucha con premio.

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