Bancos de niebla

 

“Bancos de niebla” indaga sobre la posibilidad del conocimiento. La propia individualidad es experiencia difusa, sujeta al vago rumor del pensamiento, el yo consciente que reflexiona y “el yo que nos piensa”; en freudiana expresión; el yo sin definir que “piensa mis pensamientos”. Si conocerse a uno mismo es la meta (clásica) de toda sabiduría, conocer al otro, el contrario involucrado en un conflicto emocional, parece tarea aún más difícil. La literatura, en este caso, puede servir para hacer viable la minuciosa aproximación a esas vidas que fueron, que pasaron y dejaron un rastro igualmente inconcreto, posiblemente desenfocado, en nuestra propia percepción de quien ahora ya no está.

Juan Carlos Palma, autor de “Bancos de niebla”, recurre al prestigioso artificio (“Corrección” de Bernhard deja entrever su aliento), de unas cintas grabadas por Mario, personaje central de la novela, para reconstruir los elementos esenciales de su existencia, el porqué de su última acción y qué sentido tuvo su alejamiento (si es que hubo algún sentido para ello). Toda filosofía es un “commentatio mortis”, afirmaba Cicerón. Juan Carlos Palma asume el reto. Ambiciosa novela.

 

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